Desde hace un tiempo empecé a ilustrar todo aquel dolor que cruzaba mi mente, a dejar que mis manos guiaran el bolígrafo para plasmar en tinta lo que por dentro ardía. Pero cuando eres tú la causa de mi dolor, mis dedos se paralizan, mi mente se nubla y mi corazón deja de latir. No hay lágrimas suficientes que apaguen las llamas que incendian mi interior. No hay claridad que haga desaparecer las sombras que el fuego genera. No hay valor para luchar contra el miedo. Todo se desvanece. Todo queda vacío. Sólo queda un folio en blanco. Y ésa tal vez sea la clara representación de mi dolor.