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Mostrando entradas de abril, 2020

Un folio en blanco

Desde hace un tiempo empecé a ilustrar todo aquel dolor que cruzaba mi mente, a dejar que mis manos guiaran el bolígrafo para plasmar en tinta lo que por dentro ardía. Pero cuando eres tú la causa de mi dolor, mis dedos se paralizan, mi mente se nubla y mi corazón deja de latir. No hay lágrimas suficientes que apaguen las llamas que incendian mi interior. No hay claridad que haga desaparecer las sombras que el fuego genera. No hay valor para luchar contra el miedo. Todo se desvanece. Todo queda vacío. Sólo queda un folio en blanco. Y ésa tal vez sea la clara representación de mi dolor.

No soy mejor

Creí haber aprendido de mis errores del pasado. Creí haber superado mis flaquezas. Creí haber perdido el miedo a decir lo que pienso. Creí haberme aceptado por quien era. Pero no es así. He aprendido a odiar mis flaquezas, y las mantengo ocultas del mundo. No quiero que las vean. Quiero ser lo que quieren que sea, y el no conseguirlo me hiere y me hace sentir miserable. He aprendido que no hay que cometer errores. Hay que ser perfecta, y si no lo consigo me invade la desesperación y me asfixio. Pienso en todas las posibles consecuencias de cada una de mis palabras, y no tengo el valor para afrontarlas, sigo siendo una cobarde. Sigo siendo débil. Sigo fallándome a mí misma. Sigo odiando quién soy.

No eres lo que merezco

Un cerebro tormentoso siempre genera luces y sombras inestables, que van y vienen, y una vez de vuelta a la calma todo vuelve a iluminarse con su estrella habitual. Deja de enviar nubes a mi cielo. Tus destellos de luz son ilusiones que ocultan la más negra oscuridad, que ya una vez habitó en mí. Creí de nuevo al verte venir que el dolor que me causaste era todo lo que merecía, pero sé que no. Merezco mucho más que llanto. Merezco mucho más que miedo. Merezco... mucho más que tú.

No me mires

No me mires, por favor. No sé leerte. Tus ojos cristalinos siempre me han permitido descubrir cada recoveco de tu mente, de una forma que ni tú llegas a comprender. Pero los has pintado para que no pueda ver en tu interior, y tengo miedo de lo que estás tratando de ocultar. No me mires, por favor. No logro entenderte. Asumo mi parte de culpa por haber fortalecido ese nudo que te oprime la garganta y te impide respirar. Déjame entregarte mi fuerza para deshacerlo, aunque duela, aunque me sangren las manos y aunque me parta en dos. No me mires, por favor. Me siento impotente. Déjame limpiar contigo el derrumbamiento de tus fortalezas. Piedra a piedra. No quiero mirar a lo lejos como te pierdes en las ruinas de tus emociones, junto con un dragón escupefuego que las ha convertido en sus dominios. Quiero ser tu caballera. Quiero ser tu camarada. Quiero ser tu apoyo. Pero si no me dejas serlo… Por favor, no me mires.

No lo hagas

Sé que no es la primera vez que te lo planteas. Y sé que ya lo intentaste más de una vez, aunque intentes disfrazarlo de herida de guerra, esa guerra siempre ha sido contigo mismo. Mi corazón sangra intentando hacer bombear al tuyo, pero con todos tus escudos sonrientes levantados no sé discernir si lo estoy consiguiendo o no. Ayúdame a entenderlo. Ayúdame a ayudarte. Baja tus defensas y deja salir el dolor aunque te dé terror el monstruo que pueda escapar. No dejes que te consuma como lo está haciendo. Haz llover a esas nubes negras que te impiden ver que no estás solo, y juntos levantaremos vendavales para que se marchen. Hazlo… y no lo hagas.

Déjame volar

Finalmente había logrado encontrar mi refugio en medio de la tormenta. Había recuperado esa parte de mí que fui perdiendo poco a poco, y eso me salvó de la caída al abismo que se abrió bajo mis pies de nuevo. Y cuando mis alas empiezan a despegar otra vez, me envías mensajes en flechas que las atraviesan. Cuatro años han pasado y tus simples palabras logran hacer temblar todos mis muros. Ya los destruiste una vez, y los volví a construir fortificados con lágrimas, autoestima y amor, y aun así logras que se tambaleen. Y te cuelas como un virus y me infectas, haciéndome creer que lo único que merezco en la vida es alguien como tú, que me hiera y me eche sal en las heridas, y luego un beso tierno en la frente que me haga creer que soy especial. Para ti no hay cuarentenas ni centenas que valgan. Libérame de tus cadenas, y déjame volar libre de una vez.