Siempre añoré tu presencia. Deseaba que me vieras. Deseaba que me escucharas. Deseaba que me sintieras. Pero no fue así. Los gritos eran angustiosos, pero los silencios eran terroríficos. Crecí creyendo que era culpa mía. Viví creyendo que era culpa mía por no ser suficiente para ti. Nunca llegaría a ser suficiente para ti. Y llegó el día de mi mayor logro en la vida, y no supiste o no quisiste estar. Aquella niña que corría en la oscuridad de un bosque sombrío, alumbrando su camino con un pequeño farol tras de ti intentando alcanzarte, se cansó de correr. Se cansó de la oscuridad. Se cansó de que fueras tú quien marcara la distancia. E incendió el bosque. Eras tú quien no era suficiente para mí.