Desde hace un tiempo empecé a ilustrar todo aquel dolor que cruzaba mi mente, a dejar que mis manos guiaran el bolígrafo para plasmar en tinta lo que por dentro ardía. Pero cuando eres tú la causa de mi dolor, mis dedos se paralizan, mi mente se nubla y mi corazón deja de latir. No hay lágrimas suficientes que apaguen las llamas que incendian mi interior. No hay claridad que haga desaparecer las sombras que el fuego genera. No hay valor para luchar contra el miedo. Todo se desvanece. Todo queda vacío. Sólo queda un folio en blanco. Y ésa tal vez sea la clara representación de mi dolor.
No me mires, por favor. No sé leerte. Tus ojos cristalinos siempre me han permitido descubrir cada recoveco de tu mente, de una forma que ni tú llegas a comprender. Pero los has pintado para que no pueda ver en tu interior, y tengo miedo de lo que estás tratando de ocultar. No me mires, por favor. No logro entenderte. Asumo mi parte de culpa por haber fortalecido ese nudo que te oprime la garganta y te impide respirar. Déjame entregarte mi fuerza para deshacerlo, aunque duela, aunque me sangren las manos y aunque me parta en dos. No me mires, por favor. Me siento impotente. Déjame limpiar contigo el derrumbamiento de tus fortalezas. Piedra a piedra. No quiero mirar a lo lejos como te pierdes en las ruinas de tus emociones, junto con un dragón escupefuego que las ha convertido en sus dominios. Quiero ser tu caballera. Quiero ser tu camarada. Quiero ser tu apoyo. Pero si no me dejas serlo… Por favor, no me mires.
Comentarios
Publicar un comentario