Siempre habéis sido tu ego y tú, y siempre seréis tu ego y tú. Eso te ha llevado a estar solo a pesar de estar rodeado de gente. Y te rodeas de gente para sentirte menos solo, y sigues estando solo. Y me alegro y no. Porque yo he aprendido a encontrar la felicidad mientras tú la sigues buscando, así nunca la encontrarás. Tantas veces que te he odiado. Tantas veces que llenaste mi cerebro de dudas. Tantas veces que inundaste mis ojos de lágrimas. Y ahora pienso en ti, y sólo pienso en darte un abrazo, porque sé que lo necesitas. Pero te jodes.
No me mires, por favor. No sé leerte. Tus ojos cristalinos siempre me han permitido descubrir cada recoveco de tu mente, de una forma que ni tú llegas a comprender. Pero los has pintado para que no pueda ver en tu interior, y tengo miedo de lo que estás tratando de ocultar. No me mires, por favor. No logro entenderte. Asumo mi parte de culpa por haber fortalecido ese nudo que te oprime la garganta y te impide respirar. Déjame entregarte mi fuerza para deshacerlo, aunque duela, aunque me sangren las manos y aunque me parta en dos. No me mires, por favor. Me siento impotente. Déjame limpiar contigo el derrumbamiento de tus fortalezas. Piedra a piedra. No quiero mirar a lo lejos como te pierdes en las ruinas de tus emociones, junto con un dragón escupefuego que las ha convertido en sus dominios. Quiero ser tu caballera. Quiero ser tu camarada. Quiero ser tu apoyo. Pero si no me dejas serlo… Por favor, no me mires.
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